Inclusive con el avance de la tecnología muchos países y personas siguen usando a la paloma mensajera, incluso para enviar información en dispositivos electrónicos. (Imagen: teknologeek.com)

Desde chico me llamaron la atención las palomas, cuando las veía en el parque comiendo las migajas de pan que les tiraban los ancianos o al oírlas zurear en alguna ventana, pero particularmente me gustaban las historias que leía sobre las palomas mensajeras que habían en gran parte, cambiado la historia en las dos guerras mundiales (Inclusive se les otorgó la medalla Dickins al valor y gallardía animal) y más recientemente en la guerra de Irak. Me inquietaba saber cómo es que estas curiosas aves, que en ocasiones pueden ser consideradas verdaderas plagas podías sin más ni más emprender el vuelo y llegar a su destino a cientos o inclusive miles de kilómetros de distancia.

Hoy gracias a la ciencia podemos saber que el cerebro de las palomas cuenta con neuronas que ayudan a codificar el campo magnético de la tierra, dotando a las aves de un sistema GPS interno, según se menciona en un nuevo estudio que será publicado en Science anuncia Science Express.

Desde hace tiempo los científicos han sabido que varios animales como los zorros, los animales e incluso los seres humanos cuentan con receptores internos del campo magnético, pero por primera vez han tratado de explicar el cableado del cerebro que puede utilizar estos receptores y darle en este caso a las palomas un sentido de dirección. Para ello pusieron algunas aves en la obscuridad y monitorizaron sus cerebros.

Le-Qing Wu y J. David Dickman del Baylor College of Medicine hablan en Science de una investigación previa donde se describen receptores en los picos de las aves así como en otras áreas en diferentes vertebrados.  Una vez identificados estos se dieron a la tarea de estudiar las redes neuronales responsables de darle sentido a esas señales.

Los investigadores utilizaron siete palomas despiertas. Para eliminar los efectos del magnetismo terrestre utilizaron una bobina de Telsa, provocando un campo artificial. Posteriormente colocaron a las palomas en una habitación obscura para de ese modo evitar cualquier efecto de luz-polarización, del que también se sugiere tiene efectos en las capacidades de navegación magnética de los animales. También estabilizaron las cabezas de las aves para que ellos no pudieran utilizar los receptores de posición del oído interno.

Una vez controladas todas las variables anteriores, Wu y Dickman ajustaron las del campo magnético modificando entre otras la magnitud y altitud. Utilizaron un marcador genético para identificar cuando las neuronas se activaban, centrándose en las áreas neuronales que ya previamente se habían identificado como las responsables de este procedimiento. Al final, se detectaron 53 neuronas cerebrales en los tallos de las aves que tenían muchísimo más actividad que el resto, siendo además más sensibles a los rangos correspondientes a los de la Tierra, 20 micro-Tesla (mT) al nivel del ecuador a más de 60 mT en los polos magnéticos.

Existen cambios en los polos a través del tiempo, por lo que los investigadores creen que estas neuronas deben ser adaptables, ya fuese por evolución o por la plasticidad cerebral, a juicio de quien escribe me inclino más por la segunda opción, ya que el proceso de la evolución podría en este caso ser más lento que el que implica el cambio del magnetismo en los polos, pero recordemos que en ciencia nada está escrito y debemos demostrarlo.

Paloma mensajera con cámara fotográfica

Paloma mensajera con cámara fotográfica (Imagen: elcantodelpregonero.wordpress.com/)

Wu y Dickman creen que la información magnética es trasmitida a las neuronas a través del oído interno, pero también es posible que los receptores del pico y/o de la retina estén involucrados. Ellos comentan que las neuronas codifican un vector geomagnético, con el cual pueden tener la posición del ave y su dirección en la partida, es decir un sistema global de posicionamiento o GPS por sus siglas en inglés.

Aún tenemos misterios por resolver como es el saber exactamente la forma en que las neuronas logran establecer un sistema de orientación y navegación.

Sin duda alguna es un dato curioso, pero podemos encontrarle interesantes aplicaciones, imagínense ustedes, si también se han detectado sistemas similares en los humanos como ya señalabamos, conociendo su funcionamiento en forma adecuada y logrando entrenar este “sexto” sentido, tal vez inclusive agudizándolo más con la tecnología, los satélites podrían llegar al desuso, al menos con en lo que a GPS se refiere… obviamente para eso falta mucho, pero soñar es el primer paso para grandes descubrimientos.

Fuente: PopSci.com

(P.D. ¿Algún día lograré tener mi palomar con el que soñé con mi padre?

 

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