Rosalind Franklin (Imagen: Wikimujeres.net)

Publicado previamente en La Jornada Aguascalientes

El pasado 8 de marzo el planeta entero festejó el Día Internacional de la Mujer. Aprovechando la fecha quiero hacer justicia a una mujer de ciencia a quien la historia ha dejado un tanto cuanto en el olvido, lo haré hablando de Rosalind Franklin, quien luchó contra la corriente para sobresalir en el gremio científico, dominado en aquel entonces por los hombres. James Watson confiesa en el epílogo de su autobiografía que logró comprender “con varios años de retraso las luchas que debe enfrentar una mujer inteligente para ser aceptada en el mundo científico que, a menudo considera a las mujeres como meras distracciones del trabajo reflexivo serio”.

Nacida en Kensington, Londres, el 25 de julio de 1920, estudió en la Universidad de Cambridge de donde se graduó en 1941, venciendo varios obstáculos entre ellos la oposición de su padre quien esperaba se dedicara al trabajo social. Obtuvo el Doctorado en Química Física gracias a su estudios sobre las microestructuras del carbón y el grafito.

Después vivió de 1947 a 1959 en París, trabajando en el Laboratoire de Services Chimiques de L’Etat, obteniendo las habilidades para la difracción de la radiografía. En 1951 vuelve a su país natal como investigador asociado en el laboratorio de Juan Randall en el King’s College, Cambridge.

Estando en el laboratorio de Randall conoció a Maurice Wilkins, con quien tuvo conflictos laborales surgidos de la misoginia de este último, a quien Watson describe como un hombre que difícilmente aceptaba que un colega le contradijera, mucho más si se trataba de una mujer, viéndola exclusivamente como su ayudante, pero Rosy, como la llamaban, adoptó el problema de investigar la estructura del ADN como un reto propio.

Todo ello ocurría en una época en donde únicamente se conocía la forma deshidratada y Watson junto con el físico Francis Crick imaginaban modelos a escala del DNA, logrando construir un prototipo basado en una triple hélice, pero resultó difícil de compatibilidzar con los datos conocidos hasta aquel entonces.

Aprovechando los conocimientos sobre rayos X obtenidos en Paris comenzó a sacar fotografías, convencida de que era mediante métodos cristalográficos la única manera de establecer la estructura del ADN. En 1952 consigue las primeras fotografías del ADN hidratado, mostrando una estructura totalmente diferente a la de sus colegas.

La fotografía número 51 de Rosalind Franklin (Imagen: 100ciaquimica.net)

La fotografía número 51 de Roselind llegó a manos de Watson y Crick por Wilkins sin conocimiento ni consentimiento de la autora. Esta fotografía fue la clave para arribar al modelo de doble hélice. Ni tardos ni perezosos, Watson, Crick y Wilkins publicaron en 1953 en la revista Nature el famoso trabajo que describe la estructura del ADN como una doble hélice con dos cadenas antiparalelas unidas por puentes hidrógeno entre sus núcleoticos ( A, T, G y C) y con los grupos fosfato y azúcares en lado de afuera de las cadenas, pero nunca dieron crédito a la autora de la fotografía.

En el mismo número de la revista apareció un artículo de Rosalind Franklin que daba evidencia adicional a la estructura del ADN pero de este trabajo pocos se acuerdan. Rosalind continuo trabajando sobre el virus del mosaico de tabaco y el poliovirus, pero nunca llegó a ver el fruto de su labor, muriendo víctima del cáncer de ovario en 1958 con tan solo 37 años, en Chelsea, Londres. Cuatro años más tarde Watson, Crick y Wilkins recibían el Premio Nobel por dilucidar la estructura de la molécula portadora de la información genética.

Siempre me he manifestado en contra de los días conmemorativos, considerando que un día festivo justifica 364 días de olvido (este año 365). Pero creo que vale la pena hacer un alto en el camino y valorar el papel de la mujer en nuestra sociedad, no solo como madre, también como amiga, profesionista, política y un sin número de papeles que ha jugado, pero principalmente como una emprendedora, como alguien que lucha contra corriente y sin duda Franklin es una de ellas, para muestra un botón más:

Francis Crick en su libro What Mad Persuit comenta que había “restricciones irritantes –no se permitía tomar café en una de las salas reservadas solo para hombres-, pero éstas eran relativamente triviales o así lo parecían en la época”. Podemos entender ahora aún más la desventaja que representaba para Rosalind Franklin, si tomamos en cuenta que el habilidosos de Watson asistiría a tomar el café con sus profesores de la universidad y pedir apoyo y consejo, mientras que su compañera tendría que trabajar sola y contra corriente.

Sin duda pensaremos que esto es algo del pasado, pero sigo topándome tristemente con ejemplos similares, en donde a pesar de estar ya en otro siglo siguen persistiendo el machismo y otras clases de discriminación ya sea por raza, religión o preferencia sexual. Puedo decir con orgullo que entre mis alumnos destacan por su desempeño las mujeres, situación que no me llama la atención, pero me entristece ver como algunos de sus compañeros, los menos afortunadamente, manifiestan en ocasiones su repudio ante tal situación, muchas veces solapados por sus mismas madres.

Es aquí cuando recuerdo lo que la mía me decía “si existen machos es por culpa en muchas ocasiones de la misma mujer”, le agradezco haberme enseñado a admirarlas, porque día a día aprendo más de ellas y de todos aquellos que tienen que vencer cientos de obstáculos para sobresalir, sin duda eso los hace aún más grandes.

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