Wine House de Sabine Marcelis

Publicado previamente en La Jornada Aguascalientes

Si hay algo importante en la ciencia es que para afirmar algo hay que demostrarlo y si esto no se puede se trabaja hasta lograrlo o descartarlo como cierto, pero jamás podremos dar algo por verdadero hasta no tener “los pelos de la burra en la mano”, sin duda por ello es que en muchas ocasiones tenemos grandes distanciamientos entre los hombres de fe y los hombres de ciencia. Lo cierto es que será más fácil ver como se retracta un científico o lo fuerzan a hacerlo que ver como un hombre de fe acepte que algo en lo que cree está mal.

Hablemos en sí de un hecho de ciencia sobresaliente, durante años se han realizado estudios sobre los beneficios que el consumo moderado de vino ofrece a la salud, en particular el vino tinto. Las noticias en torno a ellos siguen surgiendo, pero las más recientes no son tan alentadoras, de hecho pertenecen a los “renglones torcidos de la ciencia”.

Las autoridades de la Universidad de Connecticut han hecho público que el Dr. Dipak K. Das ha hecho fraude al falsificar los registros de sus investigaciones sobre los efectos antiinflamatorios y cardioprotectores del vino, particularmente de su componente resveratrol. Sus artículos habían sido publicadas en diversas revistas científicas, pero el 11 de enero los directivos de la universidad antes mencionada notificaron a 11 de estas publicaciones para que hicieran público a sus lectores las disculpas de la institución por la falta de ética del investigador.

La Universidad informó que una llamada anónima en el 2008 puso en alerta sobre irregularidades en las investigaciones del investigador, tras 3 años de investigaciones y un informe de 60 mil páginas, se asentaba que el Dr. Das había incurrido en al menos 145 fraudes graves. Entre ellas se destaca en el New York Times que fueron retocadas las fotografías de los marcadores de proteínas de las muestras biológicas.

La universidad había obtenido del gobierno federal de los Estados Unidos un fondo de 890,000 dólares otorgados por las investigaciones de Dipak K. Das los cuales se negaron a recibir, además de congelar toda la financiación externa en el laboratorio del científico e iniciar un proceso de despido de acuerdo a los estatutos de la Universidad de Connecticut por haber sido atrapado in fraganti violando el Código de Conducta de la Universidad.

¿Pero entonces todo es mentira?

No, sin duda hay muchos científicos que están investigando sobre el tema en forma seria y han encontrado beneficios en el consumo del vino, para ser específicos de ciertos productos de la uva como es el mismo resveratrol pero no queriendo hacerlo parecer la panacea, como algunos medicamentos milagro quieren hacerlo ver como con MOINSAGE, producto milagro que afortunadamente ya fue retirado por la COFEPRIS desde principios del año pasado. (Aunque se sigue anunciando, algo me dice que la corrupción volvió a ganar)

Y es que como mencionaba, existen datos que sugieren que la ingesta de vino, o algunos productos que en él se encuentran, antioxidantes flavonoides y no flavonoides, resultan ser beneficiosos para la salud, pero aún no hay evidencia suficiente para asegurar que es verdad, así que científicos de verdad se esfuerzan día a día para demostrarlo antes de sacarlo a la venta como la cura de todos los males, además de que deberán estar convencidos antes de que en sus beneficios en su inocuidad, es decir que no ocasionará daños en la salud de quien los tome.

Por lo pronto las autoridades de salud en nuestro país están buscando poner trabas a los vendedores de milagros, en aproximadamente 2 meses la COFEPRIS podrá disponer la suspensión de los anuncios televisivos de productos milagro en un plazo de 24 horas posterior a la orden. Habrá que buscar formas de detener a los merolicos modernos, que disfrazando sus pócimas con pseudociencia quieren venderlas como reales, ahí tenemos el QIAPI 1 del Dr. Arturo Solís quien se resiste a mostrar pruebas reales de la veracidad de sus productos, solamente ofrece “testimoniales”.

Ojala los líderes políticos y religiosos, padres e hijos, alumnos y maestros aprendiéramos de las autoridades de la Universidad de Connecticut y aceptaran sus errores, tomando cartas sobre el asunto. En este caso quien cometió el fraude no fue directamente la Universidad, mucho menos alguno de los directivos, pero el trabajo del Dr. Das estaba bajo su supervisión y por lo tanto era su responsabilidad.

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